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miércoles, 30 de mayo de 2012

CAPÍTULO XXVIII: Otro punto de vista.


XXVIII
OTRO PUNTO DE VISTA.

         Daraquiel, 12 de marzo de 2012.

            ¡Hola Dani!

            ¡Ya tengo internet en casa! Al final he decidido dar el paso a la “era digital”, más que nada para poder hacer un curso online sobre catalogación al que me he apuntado. Aunque como lo de sentarme delante del ordenador lo relaciono con el trabajo, no te creas que le estoy haciendo mucho caso. Álvaro es el que está todo el día enganchado, se ha creado un perfil en facebook y está que no hace otra cosa.
            Además, ahora estoy hasta arriba de trabajo. Empezamos con las actividades de animación a la lectura para el cole, y las hago yo todas porque María José se niega a “hacer el ridículo delante de niños” y Leo “tiene otras funciones”. Hay un día que tengo dos sesiones seguidas de cuentacuentos y todavía no me los he aprendido bien...
            Fui con Leo y la jefa a reunirnos con el jefe de estudios para concretar, y el hombre estaba empeñado en que volviéramos a hacer el cuentacuentos de “La cebra Camila” con los de infantil, supongo que por lo mucho que les gustaron a los niños las marionetas que hiciste y los “tesoros de la biblioteca” que yo les enseñé. Le preguntó a la jefa que dónde estabas tú, y ella bajó la cabeza sin responder. Yo le dije que te habías pedido tres meses por asuntos personales. Creo que la jefa no consigue superarte, jajaja. Leo se ofreció a hacer la actividad conmigo, pero yo le dije que me apañaba sola.
            De todas formas, para otras actividades la jefa se empeña en pagar a un cuentacuentos profesional sin siquiera proponérmelo a mí que sabe que me gusta y que se me da bien, en un momento en que el Ayuntamiento nos ha llamado la atención porque gastamos mucho fixo y nos ha dicho que limitemos el gasto de tinta de la impresora y que recortemos a menos de la mitad el presupuesto para adquisiciones.
            El otro día se pasó por la biblioteca el nuevo alcalde, bueno, que ya lleva varios meses, pero que no se había pasado antes. Para interesarse por el “trabajo de nuestro servicio” y escuchar “nuestras necesidades”. Puro trámite, vamos. Nos recalcó lo de ajustarnos el cinturón, que evitáramos cualquier gasto y que “aprovecháramos los recursos ya existentes”. Y que diéramos gracias por cobrar los sueldos aunque fuera con retraso, porque la situación está muy delicada.
            Por lo demás, las cosas están volviendo a ser como eran hace unos años. Leo y la jefa han hecho más piña que nunca y a mi me hacen el vacío. Encima las pocas veces que la jefa manda algún correo dirigido a mí por algo de las actividades, Leo no me lo notifica. Supongo que lo hará para hacerme quedar mal delante de ella o para que parezca que no llevo el trabajo al día. Si se lo digo, me dice que le perdone, que no me lo ha dicho porque no se ha dado cuenta. Y así andamos. Al final he decidido pasar del tema para no parecer la mala.
            Y con María José, pues ahí estoy. Intentando no volverme loca con sus manías. No quiero contarte mucho porque tú ahora estarás totalmente desconectado de esto y tienes que centrarte en tu objetivo. Solo te diré que va por días. Es una mujer muy inestable y nunca sabes por dónde te va a salir. Igual que la jefa, quizá por eso congenian y chocan tanto al mismo tiempo.
Los primeros días, la jefa parecía muy contenta con su regreso y siempre hablaba de lo bien que iba a funcionar otra vez la biblioteca. Pero conforme fue pasando el tiempo, la cosa fue cambiando entre ellas. Hubo un día en el que yo creía que se terminaban matando la una a la otra, de verdad. Un griterío, unos golpes y unos portazos que se escuchaban en todo el edificio. Estaba yo sola con ellas, porque ya habíamos cerrado y estaba terminando de recoger la biblioteca. No sabía qué hacer, si entrar en el despacho para ver si les había pasado algo, o seguir recogiendo como si nada.
            Al final llamé tímidamente a la puerta para decirles que me iba, y me dijeron de muy malas maneras que vale, que me fuera, y que dejara la llave echada cuando saliera. Muy raro todo, ya te digo. María José estaba llorando, había unas fotos en blanco y negro encima de la mesa y otras tiradas por el suelo. No sé qué terminaría de pasar allí dentro aquel día, el caso es que me fui a mi casa y ya está.
            Y poco más que contarte... Tu vida ahora es mucho más interesante que la mía. Ya sabes que por aquí nunca pasa nada extraordinario. Sin embargo, allí en Barcelona, por lo que me cuentas, cada día es una aventura, ¿no?
            ¿Cómo fue eso del robo de muebles? ¡Qué fuerte!
            Y, bueno, en cuanto a lo que me cuentas de Juanjo y lo de los chats... No sé qué decirte, la verdad. A mi me suena todo muy raro y, si te tengo que ser sincera, yo entiendo perfectamente que te cree desconfianza. No me parece normal. Dependerá, por supuesto, de cómo tengáis planteada vuestra relación, desde luego. Pero yo, por ejemplo, a Álvaro no le consentiría que hablara con otras por internet, mucho menos estando en casa conmigo, por mucho que me dijera que son amigas. Y no me sentiría mal por enfadarme. Pero, bueno, que si lo hace también por ver si te consigue algún contacto de trabajo... Pero, no sé, aunque no entienda de eso, supongo que también habrá chats de heterosexuales, ¿no? También podría entrar ahí, que también podría conocer gente igualmente interesante y que también pudieran ofrecerte algún contacto de trabajo, ¿no?
Yo creo que cuando se está en una relación, igual que se ganan muchas cosas, también, en cierto modo, se renuncia a otras. Es una renuncia voluntaria, mutua, y que compensa, al menos yo lo veo así. No es una pérdida, es un compromiso. Cuando estás con alguien claro que dejas de conocer a otras personas que seguramente sí podrías conocer estando solo; pero se supone, o al menos yo lo creo así, que eso no te importa porque tienes bastante con esa persona con la que estás compartiendo tu vida, ¿no?
            Claro que estar soltero da muchas libertades que estando en pareja no se tienen. Yo, a veces, con Álvaro lo siento, porque él es más absorbente y yo soy más “espíritu libre”; pero aún así sé que quiero estar con él, y entiendo que a veces tenga que “sacrificar”. Que también es cuestión de etapas. Las relaciones también tienen su ciclo vital, y es normal que a veces uno de los dos sienta cierta necesidad de “libertad”.
            Pecando de meterme más de la cuenta al final, creo que a Juanjo quizá lo que le pasa es un poco eso. Se ha visto en una ciudad nueva, no una ciudad cualquiera además, sino Barcelona, que aunque creas que soy muy anticuada, he estado varias veces y sé que es cuna del movimiento gay, con un buen trabajo, donde entra y sale todo tipo de gente todos los días, con cientos de posibilidades en todos los sentidos. Está deslumbrado. Y quizá siente que estar contigo se las está coartando. Y ése sentimiento es normal y comprensible. No le agobies, pero tampoco permitas cosas que no te hagan sentir bien. Habladlo. A lo mejor si fuera al revés, a ti también te estaría pasando. Pero la cosa está en que valore y sopese...
            Lo del chico este, Brian, pues mira, te digo lo mismo. Yo no lo metería ni muerta en casa, por lo menos de inquilino me refiero. Pero eso ya es decisión tuya. Ya sabes que mi mentalidad está “desfasada”, anda que ya te vale decirme eso...
            En fin, que no creo que sea cuestión de querer sentirse más abierto o más cerrado de mente, sino de ser sincero con uno mismo y reconocer lo que se quiere o no, y hasta dónde se está dispuesto a llegar por complacer a la otra persona. Piénsalo bien, y decide. Aunque seguramente lo hayas hecho ya, y por lo que decías al final ibas a ceder. Ya me contarás cómo ha ido la convivencia, porque la verdad es que me crea mucha curiosidad.
            Yo siempre había pensado que una relación entre dos personas del mismo sexo era perfectamente equiparable a una heterosexual. Igual me equivoco y vosotros tenéis otra forma de ver las cosas. Yo te doy mi opinión de manchega arcaica y de mujer heterosexual...
            ¡Vaya rollo que te he metido al final! Que eso, que no te dejes vencer por las circunstancias, ahora mismo es normal cierto pesimismo. Está empezando a ser un rasgo habitual en todo el mundo. Álvaro está hasta los cojones de los de su trabajo y de su sueldo, que lo cobra tarde, mal y nunca. Tú aguanta, que estoy segura que terminarás encontrando algo, y ya tendrás “tu sitio” en Barcelona...

Un beso muy grande (y otro de la MariCruces, que siempre me lo dice), que por aquí se te echa de menos.

Amira.
              

           
           

domingo, 25 de marzo de 2012

CAPÍTULO XXI: Cuando el hambre (y las mafias rumanas) entran por la puerta...

XXI
CUANDO EL HAMBRE (Y LAS MAFIAS RUMANAS) ENTRAN POR LA PUERTA...

            Título del Ensayo:
            Estudio abierto, aleatorizado, cruzado, de dos etapas, para evaluar la seguridad, tolerabilidad y perfil farmacocinético-farmacodinámico de Glicinato de metformina 620 mg, Glicinato de metformina 1240 mg, Glicinato de metformina 2480 mg y Clorhidrato de metformina 1000 mg tras dosis única, dosis múltiple y tras la ingesta de alimentos.

            -¿Cuál quieres? –me preguntó Judith, la enfermera, mientras quitaba el precinto a la jeringuilla.
            Me miré los brazos. Parecía que el izquierdo estaba menos amoratado.
            -El izquierdo –respondí, dejando a un lado de la cama los papeles donde se explicaban los detalles del ensayo clínico.
            -¿Ahora lo lees? –dijo ella cuando lo vio–. Si lo sabes, no vienes ¿no? –bromeó–. Tranquilo, que ya os queda menos. Esta noche os ponemos la vía y por lo menos estáis dos días sin que os pinchemos.
           
            En el estudio participarán 24 voluntarios sanos, mujeres y varones.

            A decir verdad, yo había sido de los “voluntarios” (no entendía por qué nos llamaban así, ya que todos estábamos allí por el dinero que ofrecían) menos perjudicados.

            Usted realizará dos sesiones experimentales de nueve días de duración. Cada sesión constará de: una visita predosis (día 0) en la que Usted acudirá durante la mañana al Centre d’Investigació de Medicaments-Sant Josep para poder realizarle un test de detección de drogas y prueba de embarazo (si procede).
            Durante los días del 1 al 7 deberá acudir mañana y tarde para la administración de fármaco y evaluación de variables de tolerabilidad, cinéticas y dinámicas. La tarde del día 7 ingresará en el Centre d’Investigació de Medicaments-Sant Josep y permanecerá ingresado hasta 36 horas después (día 9). Tendrá que rellenar el cuestionario de efectos secundarios, se le medirán las constantes vitales y se le realizarán extracciones sanguíneas para evaluar las determinaciones de los niveles plasmáticos de los fármacos en sangre y la concentración de glucosa.

Sólo sufrí los “trastornos gastrointestinales” calificados como “muy frecuentes” y algo de “humor depresivo”. Aunque esto último no me quedaba muy claro si era por la medicación o por la sensación de inadaptación a la vida en la gran ciudad, que además coincidió con una ola de frío siberiano que dificultaba aún más la cosa. Hubo “voluntarios” que salieron mucho peor parados que yo teniendo incluso, en un par de casos, que abandonar el estudio por intolerabilidad.

Los principales riesgos/molestias que pueden resultar de su participación en este ensayo clínico están directamente relacionados tanto con el efecto farmacológico como con los efectos secundarios asociados a la medicación administrada.
Se han descrito los siguientes adversos para metformina:
-Trastornos del sistema nervioso: Frecuentes: alteraciones del gusto, adormecimiento, dolor de cabeza, humor depresivo e irritabilidad.
-Trastornos gastrointestinales: Muy frecuentes: náuseas, vómitos, diarreas, flatulencia, dolor abdominal y pérdida de apetito, eructos, pirosis.
-Trastornos de la piel y del tejido subcutáneo: Muy raros: eritema, prurito, urticaria.
-Trastornos del metabolismo y de la nutrición: Muy raros: acidosis láctica.

            Un pack completo con el que inicié mis dos primeras semanas en Barcelona. O más bien en nuestro nuevo piso, porque apenas me movía de él. Había días en que sólo salía las dos veces que me tocaba ir a tomar la medicación y para darle los tres paseos diarios a Dante. Me enclaustré, además de por mis frecuentes visitas al señor Roca, para preparar unos exámenes que no fueron todo lo bien que deberían haber ido y para pasarme horas enteras conectado a internet delante del ordenador y al calor de una manta buscando ofertas de trabajo que no salían y en las que pudiera dar un perfil que no cumplía.
Tenía diseñados cuatro modelos de currículum y, según la oferta, enviaba uno u otro. El de teleoperador, el de camarero, el de “profesional de la información” (que era el que más me gustaba y del que más orgulloso me sentía) y el de polivalente “chico para todo que ha trabajado de todo”. Una variedad que no se correspondía en resultados. Ni en la cantidad de ofertas encontradas ni en las entrevistas concertadas. Hasta el momento sólo dos: una para trabajar de “televendedor” de cursos de inglés en la que tenía que darme de alta como autónomo yendo a comisión y otra para reponedor, “días sueltos”, 20 horas semanales y cobrando menos de 400 euros. Así que, por el momento, me seguía compensando más el ensayo clínico.

            Al tratarse de un estudio de investigación en voluntarios sanos, el objetivo no es obtener un beneficio terapéutico. Por su participación en este estudio recibirá una compensación de 1440 euros. Se contemplará la posibilidad de penalizar económicamente –hasta un tercio de la totalidad a pagar– en caso de incumplimiento por parte del voluntario.

            Un dinero que no cobraríamos hasta finales de marzo y que yo ya empezaba a necesitar con cierta urgencia. Fue increíble ver como en una sola visita a IKEA se esfumaron casi todos los ahorros que con tanto esfuerzo había conseguido durante los seis meses en casa de Paz.
            Por muy económica que fuera la opción de amueblar el piso con las propuestas suecas, seguía quedando por encima de nuestras posibilidades. Aún así decidimos arriesgarnos porque consideramos que era una buena inversión. Aunque diminutas, el piso contaba con otras dos habitaciones y pensamos en tenerlas acondicionadas para poder alquilar al menos una de ellas en caso de apremiante necesidad. Nos decidimos por la gama Brimnes para nuestra habitación, el diván Hemnes “sofá, cama individual, cama doble y almacenaje, todo en un solo producto” para la otra y por otros muebles polivalentes para aprovechar el espacio al máximo. Rieles de suspensión para la ropa, organizadores con compartimentos móviles y adaptables a distintos espacios, percheros plegables y con ruedas, cajoneras casi mágicas de quita y pon y otros ingeniosos inventos para poder dejar de dormir en el suelo y no tener la ropa engurruñada en maletas.
            Un ajuar reunido en un día y que, después de comparar precios con el servicio oficial de transporte y montaje de la multinacional, decidimos confiar a dos de los muchos rumanos que ofrecían sus cochambrosas furgonetas a la salida de la tienda.
La mitad del dinero que nos ahorramos se hubiera invertido en delicadeza y mimo a la hora de manipular los paquetes y, sobre todo, en mantener la integridad del más valioso de los objetos, el colchón de matrimonio, arrastrado por todo el asfalto de la acera y luego aplastado sin piedad como un acordeón para caber sí o sí en el estrecho ascensor. Ni Juanjo ni yo nos atrevimos a rechistar ante los dudosos métodos de los rudos transportistas después de ver sus caras cuando llegamos al piso y se encontraron con una calle peatonal en la que no pudieron aparcar y que les costó más viajes a pie de los previstos hasta subirlo todo.
Estaba deseando que me dieran el alta para empezar a montar los muebles. Todo había sido tan precipitado que no nos había dado tiempo ni a desembalarlos.
            -¡Ya podéis ir a cenar! –anunció Judith.
            Comida de hospital. Ni más ni menos. Una insípida y fría sopa con fideos blandos, una especie de hamburguesa con queso entre fundido y chamuscado por arriba y un kiwi.
            -¿Y por qué ponen kiwi? ¿para que vayamos al servicio? Porque el kiwi sólo es para eso –dijo, indignada, la única voluntaria del grupo que era española, además de mí claro. El resto eran brasileños, ecuatorianos, portugueses y algún cubano–. Y la sopa está fría. Qué asco.
            Me entraron ganas de soltarle la frase que mi madre siempre nos decía de pequeños. “A la comida no se le dice asco, piensa en todos los niños que se mueren de hambre en el mundo”.
            -¿Y el queso? ¿por qué tienen que ponerle queso a todo? ¡Con la de grasas saturadas que tiene! –ella seguía con su incansable verborrea sin darse cuenta de que los demás intentábamos comer tranquilos todo eso que ella estaba calificando de asqueroso.
            -Perdona –no pude contenerme más–, creo que ya nos ha quedado clara tu opinión sobre la comida pero, si no te importa, los demás pretendemos comer en paz.
            Su expresión de repulsión hacia la comida la dirigió también a mí, con la misma cara de estar chupando un limón y oliendo mierda al mismo tiempo. Sin mediar palabra, ofendida y orgullosa, cogió su bandeja, se levantó de la mesa y cuando se estaba yendo, uno de los brasileños la frenó cogiéndola por el brazo.
            -¿No te lo vas a comer?
            Todos nos echamos a reír, y aquello nos sirvió para romper el hielo y entablar una conversación. Aunque muchos de ellos ya se conocían de haber participado en estudios anteriores, otros eran “novatos” como yo. La mayoría estaban compaginando su participación en el ensayo con sus trabajos habituales, habiendo hecho coincidir sus días de libranza con los días de ingreso. Una de ellas confesaba que estaba deseando ingresar porque era la única forma en que iba a poder descansar de verdad. Trabajaba de asistenta durante el día y poniendo copas y dando clases de salsa en un garito por las noches. Una jornada de trabajo de más de trece horas diarias. Y yo me quejaba de las siete que tenía en la biblioteca por ser en turno partido. Cómo puede cambiar una misma situación según el punto de vista con que se mire.
            Mientras las enfermeras iban haciendo la ronda poniéndonos las vías, aproveché para entrar en el facebook, que no había publicado nada desde que llegué a Barcelona.

            Estado
            ¿Qué estás pensando?

            Empecé a escribir.

            Situación: 22:30 de la noche, acostado en una cama de hospital, junto al resto de pacientes, esperando que la enfermera me ponga la vía en el brazo. Así concluye la segunda semana de mi aventura catalana.

            Pulsé el botón “Publicar”. En apenas unos segundos recibí el primer comentario de una amiga preguntándome preocupada que qué me había pasado. Le siguieron otros mensajes similares pidiendo que explicara el porqué de tan rocambolesca situación.
            La expectación alimentó mi anhelo de protagonismo virtual y me animó a seguir la narración, novelizando los hechos.

            Es la primera vez que ingreso en un hospital de forma voluntaria. Todo ha sido tan rápido que ni hemos podido desembalar los muebles nuevos. Soy el único español del grupo junto a otra chica con perenne cara de asco, pero según comentan las enfermeras se nota la crisis porque cada vez hay más participantes autóctonos.

            Encontré así un ameno entretenimiento para mi primera noche de ingreso en el Centre d’Investigació de Medicaments-Sant Josep.

            Creando expectación para que todos te preguntemos por el final, ¿no? ¿O es el principio de una nueva peli de Almodóvar?

            A partir de ahora en vez de pedirte que me recomiendes algún libro de la biblio, ¡voy a pedirte directamente que me los escribas!

            Eran alguno de los comentarios que iba recibiendo. Conforme avanzaba en el relato, más interés e intriga iba consiguiendo por parte de mis contactos, incluso de alguno de ésos que tienes por tener pero con los que no hablas nunca.

            Estoy enganchada, pero… ¿es una historia real o te la estás inventando sobre la marcha?

            ¿Vas a terminar, Danilín, POR FAVOR?.

            Como muchas veces ocurre con las buenas ideas, aquella llegó de forma improvisada. Se me ocurrió que ése podía ser el argumento del blog que teníamos que presentar como práctica de fin de curso de una de las asignaturas que comenzaba ahora en el segundo cuatrimestre. Novelizar la historia que había precipitado la decisión de venirme a Barcelona, los enfrentamientos con mi jefa, el secreto de María José y todas las cosas que me habían pasado en los últimos meses podían componer una entrega por capítulos de un blog que podría titularse “Aventuras noveladas de un bibliotecario de pueblo en tiempos de crisis” o algo así.
            Dándole forma a ése blog se me pasaron volando los dos días de ingreso. Cuando me quise dar cuenta, me hicieron el electroshock para anotar mis constantes y me dijeron que ya podía volver a casa. Y aunque me sentía un poco débil recogí mis cosas rápidamente y me fui directo al metro.
            Cuando metí la llave en la cerradura del piso tuve un mal presagio que se confirmó al abrir la puerta. No había ni rastro de los muebles. Ni en las habitaciones ni en el salón. Nada de nada. El piso estaba tan vacío como antes de la compra en IKEA.
            Llamé a Juanjo, que estaba de guardia.
            -No te lo vas a creer… –le  dije.
            -¿Qué?
            -Los muebles…
            -¡Hijos de puta! –respondió él.
            -¿Quiénes? –no entendía nada.
            -Joder... Mierda… ¿No has escuchado lo que han dicho en los informativos territoriales?
            No pude poner la tele porque tampoco estaba. Recurrí a la lenta conexión a internet que permitía mi móvil para leer por fin la terrible noticia.

            La guardia civil ha desarticulado una banda implicada en al menos 17 robos en viviendas cometidos en Barcelona, Badalona y L’Hospitalet a las que accedían directamente con una copia de las llaves que habían hecho previamente después de haber realizado un servicio de transporte o mudanza.
Las investigaciones permitieron concluir que se trataba de un grupo organizado que accedían a las viviendas tras asegurarse de que estaban vacías. Normalmente sustraían muebles y otros objetos de valor para luego venderlos.
La fase de explotación de la operación se realizó la pasada madrugada con un dispositivo que condujo a la detención de 12 personas, en su mayoría de nacionalidad rumana.
           

             

miércoles, 21 de diciembre de 2011

Desempolvo un viejo deseo...

Desempolvo un viejo deseo, sueño, vocación o como se le quiera llamar, después de unos cuantos años. Desde mi época de estudiante que hacía cursos de creación literaria, he esperado “la gran idea”, “la rotunda inspiración” y he empezado varios amagos que nunca terminé. El principal problema era que sentía haber perdido esa gran imaginación que antes sí sentía que tenía, y que ya no era capaz de inventar nada; y la idea de tomar mi vida como punto de partida me parecía impensable porque la consideraba aburridísima.

Sin embargo, hace unos días me pasó algo un poco rocambolesco (palabra que le encanta a mi amiga Inma) y decidí empezar a contarlo en facebook. Lo puse para crear expectación, y que la gente me preguntara por el final de la historia. Sí, como dice Blanca, hay un trasfondo inconfesable de sentirme protagonista por un momento. Pero en mi favor alegaré la profunda soledad que muchas veces siento en esta “aburridísima” vida que llevo y la necesidad de expresarme, de alguna manera, ante gente que, en mayor o menor medida, sé que me aprecia (sobra decir que yo también a ellos/as). Gente que me conoce, y que sabe que puedo ser muy exagerado, que me encanta quejarme y que, en el fondo, tengo una gran necesidad de ese arropo.

Como decía, esa historia real con tintes de novela barata de suspense iniciada en facebook, fue creando cierta expectación que hasta a mi me sorprendió, y me animó a continuar. Me rondaba por la cabeza en cada brazada en la piscina, en los trayectos de coche de un pueblo a otro, y en las horas de poca afluencia en la biblioteca. Quería contar mi historia, real, pero ¿por qué no? con tintes fantásticos.

El día a día nos parece aburrido precisamente por eso, por rutinario; pero si lo miramos con otro prisma, igual se le puede sacar algo interesante. Las personas con las que convivimos a diario, adornándolas un poco o exagerándoles sus rasgos de personalidad, pueden perfectamente ser personajes de una novela. Y uno mismo, si se para a hacer un ejercicio de introspección, puede tener mucho que contar.

Así pues, nace este blog. Con la única pretensión de entretenerme con una afición que aunque llevaba tiempo sin practicar, sí recuerdo que me hacía muy feliz; y con el deseo de que a quien le apetezca lo vaya siguiendo y vaya comentando todo aquello que quiera (ya sea para bien, o para mal).

De esos cursos que hacía recuerdo también la cantidad de técnicas que existen para incentivar la creatividad y para favorecer el desarrollo de una historia literaria. Los mismos comentarios que vayáis poniendo, me pueden ayudar a mi para darle un giro a la historia, para aumentar el protagonismo de un personaje en principio secundario, qué sé yo...

Dejar claro que “cualquier parecido con la vida real es pura coincidencia”, y aunque los nombres de los personajes y los lugares en que se desarrolla la historia parezcan evocar claramente a nombres y lugares reales, la historia que se narra, en sí misma, es irreal.

Allá voy...